Aunque lo tengais en mi tablón del tuenti con un comentario, también lo dejo aquí:
Cuando lo bueno se va, es inevitable ir a buscarlo. Lo típico sería poner que ir a Umbralejo ha sido la mejor experiencia que he tenido nunca, que las personas que allí he conocido son las mejores y que nunca las olvidaré. Y no estaría mintiendo. Pero algo tan tan grande se merece lo mejor que sea capaz de escribir.
Por la vida pasa uno por muchas experiencias, eso ya lo sabemos de sobra, nos las hemos ido contando progresivamente estos doce días. Algunas son de lo más extraño, pero aun así, hemos visto que aunque vivamos en lugares remotos de España o incluso en Polonia, nuestras experiencias más raras se parecen a las de otro. Ya no solo por casualidad, sino porque en el fondo no somos tan diferentes. Fuimos allí con la misma intención. Si bien nadie la tenía muy clara. ¡Íbamos a un campo de trabajo! ¿Qué iríamos a hacer? ¿Qué iríamos a aprender de esto? ¿Acabarían siendo mis amigos? ¿Cómo serían? ¿Y los monitores? No se si por no pensarlo mucho o por vivir una "aventura", nos adentramos en un pueblo sumergido entre pinos y olmos, olvidado del mundo actual. Algunos iban tan confiados que ni trajeron algunas de las cosas más imprescindibles para nuestra nueva vida. Esta es una de esas veces en las que me digo: menos mal que dije que sí, lo que me hubiese perdido. Con respecto a las personas, parece como si hubiesen hecho un estudio de compatibilidad y las hubiesen elejido una por una porque encontrar semejante compañerismo, diversión, espontaneidad, ingenio, inteligencia, compasión, amabilidad y cariño por parte de todos los que fuimos Umbralejeños esos doce días, es un verdadero logro. Ya he dicho que mi vida fué esa, mi familia vosotros, mama Montse, papa Chema y tios Javi, Sonia, Fernando, Sonia, Mercedes, Mariluz y todos los integrantes del proyecto. Y algo en lo que se piensa todos los días no se olvida, así que no os preocupeis que siempre estareis en mi memoria sino en mi vida. Un verdadero placer conoceros. Os quiero y aprecio.
De la de las mates, la acoplada de la casa pequeña, integrante de la mesa redonda, la que esta un poco loca, sí esa, la que tocaba la guitarra solo un poco.
Por la vida pasa uno por muchas experiencias, eso ya lo sabemos de sobra, nos las hemos ido contando progresivamente estos doce días. Algunas son de lo más extraño, pero aun así, hemos visto que aunque vivamos en lugares remotos de España o incluso en Polonia, nuestras experiencias más raras se parecen a las de otro. Ya no solo por casualidad, sino porque en el fondo no somos tan diferentes. Fuimos allí con la misma intención. Si bien nadie la tenía muy clara. ¡Íbamos a un campo de trabajo! ¿Qué iríamos a hacer? ¿Qué iríamos a aprender de esto? ¿Acabarían siendo mis amigos? ¿Cómo serían? ¿Y los monitores? No se si por no pensarlo mucho o por vivir una "aventura", nos adentramos en un pueblo sumergido entre pinos y olmos, olvidado del mundo actual. Algunos iban tan confiados que ni trajeron algunas de las cosas más imprescindibles para nuestra nueva vida. Esta es una de esas veces en las que me digo: menos mal que dije que sí, lo que me hubiese perdido. Con respecto a las personas, parece como si hubiesen hecho un estudio de compatibilidad y las hubiesen elejido una por una porque encontrar semejante compañerismo, diversión, espontaneidad, ingenio, inteligencia, compasión, amabilidad y cariño por parte de todos los que fuimos Umbralejeños esos doce días, es un verdadero logro. Ya he dicho que mi vida fué esa, mi familia vosotros, mama Montse, papa Chema y tios Javi, Sonia, Fernando, Sonia, Mercedes, Mariluz y todos los integrantes del proyecto. Y algo en lo que se piensa todos los días no se olvida, así que no os preocupeis que siempre estareis en mi memoria sino en mi vida. Un verdadero placer conoceros. Os quiero y aprecio.
De la de las mates, la acoplada de la casa pequeña, integrante de la mesa redonda, la que esta un poco loca, sí esa, la que tocaba la guitarra solo un poco.
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